domingo, 13 de septiembre de 2020

LA SALA BBK CELEBRA SU DÉCIMO ANIVERSARIO


Desde el 26 de septiembre y hasta el 28 de noviembre la sala ha programado 18 conciertos para un aforo limitadísimo de 100 personas y la posibilidad, eso sí, de poder disfrutarlos a través de sreaming.

Las entradas ya se encuentran a la venta a un precio super asequible de 10 euros más gastos en la web salabbk.bbk.eus, en la que también se encuentra disponible el calendario de actuaciones.

BBK abrió en 2010 las puertas de esta sala multiusos ubicada en la Gran Vía de Bilbao como "un espacio abierto a la difusión cultural y a todo tipo de eventos sociales y solidarios que se ha convertido a lo largo de la última década en referente de la vida cultural en la capital vizcaína".

En este sentido, sus responsables han recordado que su objetivo siempre fue integrarse en el circuito cultural de Bilbao, "siendo quizás la ultima gran infraestructura en incorporarse al circuito de la ciudad donde cada uno tiene su propia posición".

Esta será la muy acertada y diversa programación para un cumpleaños que, sin duda, dará vida a un otoño culturalmente apagado.


PROGRAMACIÓN

26/09 ENE KANTAK 

26/09 LOS PUNSETES + NOGEN

02/10 ANA GUERRA + LORELEI GREEN

03/10 EL COLUMPIO ASESINO + HAKIMA FLISSI

10/10 DON PATRICIO + XSAKARA

16/10 LOS SECRETOS + BRINGAS

23/10 NACHO VEGAS + AIRU

14/11 SIDONIE + GARBAYO

27/11 ZETAK + SKAIKETAN

28/11 BALOREAK

viernes, 4 de septiembre de 2020

UN BAR MODESTO


Cuando en 2012, sólo había ecos de una fiesta pretérita que nos recordaba lo que fue la otrora bulliciosa Barrenkale, Carlos y Jaime decidieron abrir un pequeño local con enorme alma donde siempre fue bien recibido quien por allí se dejara caer. Al entrar no era difícil percibir que el lugar había sido una tradicional taberna de txikiteros en pleno Casco Viejo de Bilbao, el mejor lienzo donde plasmar el espíritu abierto, libre y divertido de la nueva propuesta. Allí entró el colorido, las palmeras, el neón, el leopardo y hasta una Reina Madre que te daba la bienvenida. 

Decir que aquello era un bar es quedarse corto, es una enorme simplificación que constituye infravaloración o incluso el insulto. Aquello, en realidad, fue un punto de encuentro para la gente más moderna y desprejuiciada de Bilbao con ganas de diversión, charla y compartir ideas. Aquello fue un centro cultural con exposiciones de fotografía, pintura o lo que se terciara. Un espacio donde la posmodernidad se vivía de verdad y no limitándose a confomar una mera exhibición en determinadas sucursales de determinadas marcas, como ocurre con en el Guggenheim. Aquello fue un templo artístico con una oferta continua y unas fiestas tan creativas como transgresoras. Sesiones a base de electroclash, tecnopop, indie o lo que el DJ de turno programado tuviera a bien pinchar sin encorsetamiento alguno. 

Sus artistas, sus trabajadores, sus clientes y sus creadores conformaron, en su mayoría, algo más que eso, supusieron un colectivo heterogéneo con una militancia basada en la libertad y la diversión contribuyendo a hacer de Bilbao una ciudad que fuera tal, es decir, viva, dinámica y abierta. Incluso se llegaron a producir movilizaciones cuando los gestores públicos iniciaron una cruzada contra la noche y el baile. Sí, sí, el baile.

Aquello fue un verdadero revulsivo de 8 años al que vamos  a echar mucho de menos, un lugar tan moderno que Bilbao no se lo merecía o quizás sí, ahí ya tengo mis dudas. Un bar que llamarlo bar, como habéis podido leer, es poco decir. En definitiva, un bar Modesto. El bar Modesto.

domingo, 30 de agosto de 2020

VUELVE LA RUTA

 Hoy retomo este blog inaugurando una nueva temporada en mitad de un año que se nos está haciendo excesivamente largo. Tras un verano donde, por mucha calificación de nueva, la normalidad ha sido nula, iniciamos un septiembre con oscuras expectativas y los mayores deseos para que esta pandemia pase lo antes lo posible. 

Más allá del impacto en nuestra salud y en todas las personas que están trabajando en el sector sanitario, quienes son los verdaderos héroes, el mundo artístico y cultural, el de las pistas de baile, los teatros y el que habita debajo de una bola de espejos ha sido el más castigado por unas normas que, una vez más, criminalizan a un colectivo que ya venía sufriendo una persecución por parte de la Administración. 

Ahora es tiempo de superar esta enfermedad desde la solidaridad y la colaboración pero siendo críticos y estando atentos con un sistema que podría aprovechar el asunto para cercenar derechos y libertades individuales. Un sistema capitalista que niega la mayor y rechaza la posibilidad de crear un mundo más sostenible y ecologista donde entendamos que basar nuestra razón de ser en el crecimiento del consumo, de la población mundial y la riqueza para una minoría nos llevará al desastre.

Desde La Ruta espero seguir informando, entreteniendo y aunque sean tiempos difíciles, sacar adelante proyectos independientes y autogestionados como este, que defiendan la libertad desde cualquier barricada pacífica.

Bienvenidas y bienvenidos a la Ruta.



domingo, 7 de junio de 2020

ATTICA, LA CATEDRAL DEL BACALAO EN MADRID


En la resaca post-olímpica, cuando las autoridades del orden público habían iniciado una brutal persecución contra la Ruta del Bacalao en connivencia con el escarnio que los medios de comunicación estaban infringiendo al fenómeno, fueron numerosas las exageraciones o mentiras que se vertieron. Una de ellas, por ejemplo, fue la existencia de una ruta de discotecas entre Madrid y Valencia y otra, el éxodo masivo que cada fin de semana llevaba a cabo la juventud capitalina abandonando su ciudad para acudir a bailar al Levante. Nada más lejos de la realidad. Y es que para ese momento, Madrid tenía un circuito de salas más interesante, vanguardista y destroy que el valenciano, que comenzaba a dar síntomas de agotamiento y masificación. Para qué te ibas a recorrer cientos de kilómetros cuando tenías a tiro piedra salas como Voltereta o New World que pinchaban el mejor EBM, New Beat, acid house, techno o maquina. La Plaza de los Cubos era una referencia para los amantes de la electrónica de todo el país pero si hubo una sala que adoptó los postulados bacaladeros esa fue Attica. Ubicada en el municipio de San Fernando de Henares, dicen que se le bautizó con ese nombre haciendo referencia al motín más sanguinario en una prisión norteamericana. 
La discoteca se construyó en un chalet (que anteriormente había sido restaurante) y tenía dos salas llamadas el Cielo y el Infierno, ambos nombres tan evocadores y premonitorios como las juergas hedonistas que acogían. Abrió sus puertas a finales de 1987 y aunque en un primer momento apostó por el funky y atraer como clientela a los soldados de la cercana base de Torrejón, pronto asumió los sonidos más novedosos de la música electrónica. Y es que los desmadres que se bailaron en Attica hicieron que para 1990 su pista de baile se convirtiera en centro de peregrinación de clubbers de todo los lugares y su leyenda comenzará a forjarse bajo el sobrenombre de "La Catedral del Bakalao". Las noches no eran suficientes para acaparar tantas ansias de fiesta y libertad, así que las sesiones se fueron alargando hasta bien entrado el mediodía dando cabida a una confluencia de gentes ecléctica hasta la extenuación. La militancia de las distintas tribus urbanas que se daban de tortas durante la noche acababan sus fiestas en armonía en el que fue uno de los primeros after hours de Madrid, al menos el primero de tales dimensiones. El espíritu destroy valenciano impregnaba aquellas fiestas sin fin, magistralmente dirigidas desde la cabina por DJs de la talla de David El Niño, Varela, Abel Ramos o DJ Pepo. 
Las drogas fueron parte esencial de un ambiente, especialmente en la sala Infierno, único y diferente. Sentías la presión del beat, la indulgencia de la electrónica más contundente y los clubbers más nihilistas. Todo allí era exhacerbado y sustancias como el éxtasis y el speed contribuyeron a un ambiente que ya en la cola para entrar te llegaba a inquietar, como el que espera montar en una montaña rusa. 
En su terraza el ambiente se relajaba y el ritmo bajaba por momentos mientras los aviones que aterrizaban en Barajas sobrevolaban a los integrantes de la mayor de las jaranas. Por desgracia el asunto comenzó a devaluarse y perder esencia. La música se aceleró y las voces infantiloides fueron ganando terreno en los altavoces. Las peleas y reyertas también comenzaron a ser frecuentes en un público que iba perdiendo diversidad en detrimento de mascachapas y garrulos. No obstante, el lugar mantenía cierta idiosincrasia original y veneración de irreductibles acólitos. Hasta que en 1994, la fiesta finalizó. Attica es precintada por la policía ya que el chalet se encontraba edificado en una zona no urbanizable, siendo la construcción ilegal.
Ya no había lugar a la fiesta. ¿O sí? En junio de 1995 los dueños de Attica convocan a los fiesteros a una rave ilegal donde congregaron a más de 2000 personas que bailaron hasta más allá de las 15:00 del domingo. "Attica por un día" rezaban los flyers. La policía dio varios avisos para que acabara la fiesta con la insumisión como respuesta. En agosto de ese mismo año se celebró la última fiesta ilegal. En 2018, más de 20 años después de su orden de derrumbe, las excavadoras acabaron con aquel chalet, restaurante de carretera reconvertido a la meca del underground y la música de vanguardia durante casi una década.