miércoles, 17 de febrero de 2016

LAS SESIONES AMATEUR DE LOS 90

El post de hoy es demasié, de mucha enjundia, tanta que incluso me he planteado el publicarlo. Os cuento, Resulta que el otro día me puse a rebuscar en mi baúl de los recuerdos y encontré un documento del que no tenía constancia alguna y al abrirlo me hizo muchísima gracia. Era una de las sesiones que grababa allá por la última década del siglo pasado. Aunque yo entonces era un pipiolín, ya me gustaba la música y la de baile, la que más. Estudiante y de familia humilde no me daba para comprar cintas o CDs originales (para los jóvenes actuales que no sepan de estos formatos que acudan a Google, ahí esta todo) En aquellos años los adolescentes de la época devorábamos el Maquina Total o el Bolero Mix, sagas infinitas de recopilatorios de la música dance y el pop más comercial del momento. Así que ni corto ni perezoso empecé a crear mis propios mixes con unos retales, ejem, digamos que curiosos: cintas y CDs originales prestados, cintas que me grababan los deejays (los DJs de verdad) en las discotecas y... esos temas que grabábamos de la radio mientras cruzábamos los dedos para que el locutor estuviese el mayor tiempo posible callado.
¿Y qué equipo técnico tenía para ensamblar semejantes mimbres? La mesa de mezclas Gemini de mi amigo Jorge conectada a... ¡dos discman y un walkman! Me río sólo de acordarme, Y así, sin platos, sin pitch, sin control alguno de los beats pasábamos tardes enteras intentando encajar los temas que más nos gustaban. Mi amigo Juan Antonio, era para verle como mezclaba con dos pletinas de casete y la tecla pause, flipante. Y ese si que encajaba las canciones. Y como eramos jóvenes con nula vergüenza grabábamos semejantes experimentos en cintas que a su vez tratábamos con acetona para borrar de la carcasa los dibujos originales e instaurar los nuestros. Por supuesto, diseñábamos carátulas para la caja. Todo un invento.
Y aunque parezca mentira, aquellas sesiones (sin corte alguno porque las recogíamos tal cual) en las que incluso había alguna mezcla buena entre tanta cabalgada pasaban de unos chavales a otros deseosos de escucharlas.
Volviendo al presente, pensé en no publicarla porque, como es de imaginar, el resultado no es maravilloso pero luego me dije... ¿y por qué no? Al final se trata de un documento. Un documento valioso que recoge la música que bailábamos una generación, que recoge una forma de crear muy punk, muy "hazlo tu mismo" y que nos hace conocer elementos técnicos y comprender que lo imperfecto e incluso el feismo es precioso, en un mundo, el de hoy, demasiado perfeccionista y tecnológico.

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