Benidorm hoy se conoce como la meca del turismo masivo, lo kitsch y el veraneo para jubiletas que cogen sitio desde las seis de la mañana en su playa. Benidorm es seguramente lo contrario a lo cool, a lo guay y al estar en tendencia. El resurgimiento de su festival de música le ha dado, en los últimos años, un nuevo empuje y seguramente deberíamos de poner en valor a Benidorm, darle una vuelta de tuerca y construir un relato que ensalce su identidad histórica en cuestiones asociadas al show y las discotecas.
Su historia moderna comenzó con el desarrollismo franquista y la explotación del turismo como industria estratégica para el país. De esta manera Benidorm empieza a transformarse de un pequeño pueblo pesquero a una ciudad con hoteles y edificios cada vez más altos donde se hospedaban unos foráneos con ganas de sol, playa pero también marcha y diversión.
En un primer momento, el municipio alicantino se configuró como una de las primeras localidades en España en abrazar el turismo y lo hacía intentando sorprender al visitante con proyectos que, aunque hoy nos pueda sorprender, estaban encajados en cierta vanguardia cultural. Uno de ellos fue la creación de la discoteca CAP3000, alrededor de la cual hay una enorme leyenda, que por un lado aumenta su impacto en el imaginario colectivo, pero por otro lado también dificulta el discernir lo real de la fantasía. Algo que, incluso, juega a favor del interés por esta historia. En el año 1969 se inauguró el club, una fecha que no queda del todo detallada y que según a la fuente que se acuda alude un año distinto, desde el mencionado 69 hasta el 1972. La sala era espectacular, tenía una forma de platillo volador gigante de más de 80 toneladas de hierro y capacidad para 3000 personas, lo que le otorgó el título de “discoteca más grande de Europa”.
La cabina era un helicóptero real que el dueño del garito trajo desde la base de Torrejón y allí, uno de los primero deejays en pinchar fue Juan Santamaría, nombre imprescindible para el clubbing hispano y trotamundos de gran cultura musical que, en aquel momento, venía de Ámsterdam a ganarse la vida en el bullicioso y pujante Levante español. Siendo uno de los precursores de lo que años más tarde se llamó la Ruta del Bacalao, Santamaria trajo a CAP3000 discos de importación de países como EE.UU, Reino Unido, Francia o Alemania. Iba más allá de la típica música española que no dejaba de sonar en cualquier garito o pista de baile apuntalada en estilos como la rumba, canción ligera, flamenco... Él impregnó a Cap3000 de su impronta, moderna y rupturista, siendo un club que iba más allá de la oferta musical de siempre. Cuando abandonó Benidorm dejó a los mandos de la cabina a Flippo DJ, era el año 1975. En ese momento se instaló en la sala el primer rayo láser del país, un efecto que impactaba a todos los asistentes que se dejaban caer por la pista de baile. La discoteca se consolidó como uno de los lugares más modernos del continente y lo sorprendente es que no se ubicaba en ninguna de las grandes capitales como Londres, París o Berlín, estaba en Benidorm.
Además de las sesiones de los pinchadiscos CAP3000 también fue en espacio de conciertos donde actuaron estrellas como James Brown o Gary Glitter. Cuenta la leyenda que en su inauguración también pasó por allí Led Zeppelin pero parece que en realidad eso nunca sucedió, al menos, yo no he encontrado ningún documento que de fe de ello.
Benidorm no llevó bien el paso del tiempo, se masificó, no supo vender bien su oferta a las nuevas generaciones y perdió interés y prestigio. Seguramente no sepamos contar en este país nuestra historia como lo hacen los anglos con la suya.
Hoy el OVNI más marchoso del mundo es la discoteca KU e intenta ser protegido de su derribo derivado de los planes urbanísticos de la ciudad desde el grupo socialista del Ayuntamiento de Benidorm por su valor histórico y cultural. Sería un acierto para preservar nuestra historia popular, el imaginario colectivo y valorizar lo que ha supuesto el fenómeno de las discotecas para las sociedades en la segunda mitad del Siglo XX. Sobre todo, si tienen la proyección e importancia que acaparó CAP3000, el platillo volante con capacidad para 3000 personas, de ahí su nombre, repleto de terrícolas con ganas de baile y fiesta que aterrizó hace décadas en el mejor de los sitios, Benidorm.
foto arriba encintrada en web alicanteplaza
foto abajo encontrada en web slovenly