Mostrando entradas con la etiqueta pop. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta pop. Mostrar todas las entradas

lunes, 8 de diciembre de 2025

VUELVE EL MANHATTAN, VUELVE EL ROCK

 


Algorta siempre ha tenido alma melómana. En lo alto de un acantilado que mira el abrazo de la ría de Bilbao con el mar Cantábricoallí, ese es el lugar donde se ubica el barrio getxotarra. Un enclave que resulta encrucijada, entre lo rural y lo urbano, entre la burguesía y lo popular, entre la tradición y la modernidad. Un sitio como este, que resulta tan difícil de encasillar o de definir es, a mi modo de ver, interesante per se. Y seguramente esa identidad basada en lo difuso es el caldo de cultivo ideal para una vida relajada, tendente al divertimento y como no, a la música, el baile y la jarana.

Allí se abrieron locales tan legendarios como las discotecas Swans y Gwendolyne, convirtiendo a Algorta en lugar de peregrinaje para bailongos de medio Bizkaia. Otro local icónico fue durante muchos años el pub Manhattan, centro neurálgico para los amantes del rock. Miguel, su gerente, supo construir un espacio con un muy buen ambiente a partir de una premisa: pinchar música rock de todos los tiempos. 

Desde hace poco más de un año, el pub permanecía cerrado al terminar la gerencia de Miguel y Algorta, con su clausula, perdió algo de su idiosincrasia. 

Ahora, una nueva jefatura se ha hecho con el garito y tiene la intención de recuperar la antigua esencia del Manhattan. Y a dicha aventura me he sumado como deejay residente, junto a mi compañero de cabina, Sergio Otxoa. La idea es lograr ofrecer una alternativa al reggaeton y la pachanga, omnipresentes en discotecas y bares musicales. A partir de ahora, los viernes y sábados noche son nuestros y para ello tenemos una playlist llena de rock y pop, de muchos hits y alguna rareza, de ciertas pinceladas sónicas de estilos como la disco music, el blues, la salsa o la rumba. Los Suaves, Coz, OMD, Radio Futura, Metallica, Michael JacksonLoquillo, Rolling, Beatles, The Who, The Clash, Iggy pop, Red Hot Chili Peppers, Platero... se vuelven a escuchar en los altavoces del Manhattan. 

Llevamos ya dos semanas desde la inauguración y el ambiente ha sido sensacional, gente con ganas de bailar y muy entendida, con la que se generan muchas conversaciones en torno a la música como tema central. Esta nueva aventura en la que me acabo de enrolar me ilusiona tanto... Se trata de recuperar el pop-rock de todas las épocas para que, en la noche, no sea todo lo mismo. Para reivindicar la diversidad, la cultura musical y no dejar perder una leyenda como es el Manhattan. Allí nos vemos y... ¡larga vida al rock&roll!  

jueves, 11 de septiembre de 2025

DAVID GUETTA O EL REY DE LA DANCE MUSIC

 


Se mire como se mire, David Guetta es el rey de la dance music o lo que es lo mismo, la música electrónica de baile. Soy plenamente consciente de que un sector de clubbers lo ha criticado hasta la saciedad, acusándole de traidor e impostor. De venderse a unos sonidos excesivamente comerciales e incluso de no ser un buen discjockey. Y son opiniones entendibles, especialmente desde posiciones puristas. Pero estar en la cresta de la ola con casi 60 años después de décadas de éxito continuado es un enorme logro 

Hace unas pocas semanas lo pude ver en su residencia de los lunes en Ushuaïa, discoteca que no se llenó hasta el momento inminentemente anterior a la aparición del francés en el escenario. Me sorprendió la gran cantidad de espacio que se encontraba libre de personas en el icónico club y la ínfima minoría de asistentes que bailaron durante la tarde con los teloneros en las horas previas a la sesión del deejay. 

Eso sí, minutos antes de aparecer en escena Guetta, miles de personas abarrotaban la sala con su móvil en mano para inmortalizar el momento de la entrada de la estrella mientras un avión nos rozaba las cabezas en mitad de la playa d'en bossa. El volumen subió, los efectos visuales se intensificaron y el personal comenzó progresivamente a bailar mientras se olvidaban, a ratos, de su teléfono móvil. La fiesta por fin había llegado. 

Los temas, muchos de producción propia, eran coreados y aplaudidos por los allí presentes que, de no haber estado en cartel, ese día a la discoteca le habría sobrado más de la mitad de su aforo. A eso se le llama estar en la cresta de la ola. David Guetta ha sido, para bien o para mal, uno de los artífices de mezclar los parámetros pop con la música electrónica de baile, de elevar el asunto discotequero al mayor de los mainstraim y utilizar una escenografía como la que podría ser empleada por ídolos del pop y el rock. El deejay parisino fue aquella noche en la que me acerqué a Ushuaïa, Día Nacional de Francia, protagonista y estrella rutilante. Una vez más, el sonido pasó a un segundo plano con respecto a la imagen, algo de lo que, hasta el propio David, no creo que se sienta especialmente orgulloso. 

A las ovaciones de sus temazos clásicos se les unió la de dos hits revisitados que lo están petando. Por un lado “Forever Young” y por otro “Together” con un discurso previo del deejay más popular de la historia y unas imágenes en los pantallones referenciando una carrera incomparable en la que el público, para él, es lo más importante. Y en ese momento, mientras la canción remezclada de Bonny Tayler sonaba a todo trapo, se recordaban las distintas etapas en la carrera profesional de David Guetta con la proyección sucesiva de fotos y videos en el escenario. Y en ese instante volví a sentir, una vez más, la conexión con este artista, aflorando mi admiración por su inagotable capacidad para reinventarse, para reinventar la escena y para seguir haciendo bailar a miles y miles de personas de, hoy en día, distintas generaciones. David Guetta tiene ese don y lo lleva haciendo desde hace cuatro décadas, llenando espacios en Ibiza, Miami, Tomorrowland y allí donde vaya. Por eso es el rey de la dance music, porque nadie ha logrado algo así en toda su historia. 



martes, 19 de agosto de 2025

EL TAMARISMO REGRESA 25 AÑOS DESPUÉS

 


Hace unas semanas se estrenó en Netflix la serie Superestaren la que se aborda, 25 años después de su explosión catódica, el fenómeno del Tamarismo. La serie, que coincide con la publicación de un documental añadido sobre la figura de la hoy conocida como Yurena, lleva la firma de Nacho Vigalondo y aunque pienso que el director ha encajado de una manera sublime su forma de contar las cosas con la esencia tamarista, el resultado final se aleja del gran público, resultando una obra de culto que, a priori puede no conectar, de alguna manera, con todos aquellos que se rieron del fenómeno y de sus frikis protagonistas sin llegar a darle la dimensión artística que se merecía. A costa de una mayor comercialidad, Vigalondo ha ido más allá, mucho más allá, del chiste y la caricatura, que también lo fue, a los estratos mucho más profundos de esta historia. 

Y es que explicar lo inexplicable resulta complicado porque aquello fue un esperpento que revolucionó el panorama mediático. Cada medianoche nos llegaba desde Marte las crónicas que nos narraban las peripecias de una pandilla de raros y marginados con vocación de alcanzar el estrellato sin ningún tipo de talento y arte para ello. Sardá le dio la vuelta, aplicó los parámetros warholianos y esa ineptitud fue precisamente aquello que los llevó a la máxima popularidad. La mayoría de la audiencia se reían de ellos, aunque en el fondo conectaban de alguna u otra manera con la desgracia de los personajes del Tamarismo aliviando la desdicha de su propia existencia con la calamidad profunda de Tamara y compañía. 

Paco Porras, Tony Genil, Arlequín, Leonardo Dantés, Loli Álvarez... le dieron una vuelta de tuerca a la telerrealidad a base de caspa, envidias, disputas y especialmente disparate, un sorprendente disparate catódico. Un coche dentro de la fuente de la Cibeles, la inauguración de una frutería en Vallecas, bolsazos a un payaso por Malasaña... la desgracia y el fatalismo eran sus señas de identidad. 

El Tamarismo se expandió más allá de sus iniciales fronteras marcianas y durante unos cuantos meses se encontraba en todos los espacios de actualidad, ya sea televisión, radio o prensa, focalizando la atención de los espacios del corazón, que dieron de lado a la aristocracia, los actores de Hollywood o los deportistas de élite para colocar en el Olimpo del salseo a esta pléyade de rarunos. “Pronto”, sin ir más lejos, la revista más vendida en España reservó varias páginas semanales para contar las andanzas tamaristas. 

Otra cuestión clave y que a mí me flipaba es la música como elemento motor de toda la historia donde las subtramas se sucedían sin ton ni son como una ráfaga de ametralladora. Es más, el asunto reventó la industria discográfica. El tema “No Cambié” se convirtió en el sencillo más vendido de la historia en nuestro país, pero la industria le dio injustamente la espalda y no lo consideró, aumentando la leyenda negra de Tamara, que tuvo que cambiarse de nombre artístico porque de él se apropió la otra Tamara, la buena que decían. 

Tras aquel flashazo kitch de principios de los 2000, Los Javis tuvieron la gran ocurrencia de rescatar la figura de Tamara, alejarla del chiste básico y darle enjundia, concepto que se diría hoy.  Algo que seguramente fue de lo que adoleció el Tamarismo en su día y que la industria del entretenimiento no supo ver. Aunque es probable que de haber sido así el Tamarismo no hubiese sido tal y como lo conocemos, tal y como nos gusta a los que disfrutamos con una historia que contaba la vida de una chica de Santurce que resultó ser más que una Superstar y supo superestar en un mundo donde todos, de alguna u otra manera, somos unos frikis.