Mostrando entradas con la etiqueta cha cha club. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cha cha club. Mostrar todas las entradas

lunes, 10 de febrero de 2020

EDGAR KERRI, DE HOLALÁ A CLUB MALASAÑA

                                               Gosua Management

La noche de Madrid no deja de regalarnos nuevas propuestas y podemos decir que vivimos, desde hace años, una etapa dorada. Uno de los nombres propios necesarios para entender el subidón en las pistas de baile capitalinas es Edgar Kerri, artífice del desmadre a orillas del Manzanares desde hace más de una década.
Mitad catalán, mitad francés con orígenes argelinos y belgas, Edgar se afincó, abriendo la tienda de ropa de segunda mano Holalá, en Madrid, "la ciudad de los que no se sienten cómodos en sus lugares de nacimiento",tal y como él mismo cuenta. En los años 90 pinchaba en el surf-bar de su padre y cuando empezó a organizar fiestas nadie le gustaba del todo así que se puso ante los platos empujado por el lema punk del "hazlo tu mismo". 
En el verano del 2009 lo petó con el club Aguacate y para otoño de ese mismo año se sacó de la chistera dos nuevos proyectos, Pantera Club y, el que marcaría a toda una generación, Zombie Kids Club, ambos en la sala Charada. En su pretensión de no hacerse mayor y recuperar cosas del pasado se centró en la filosofía Zombie o lo que es lo mismo, dar vida a cosas del pasado para ser un eterno adolescente. Y llevando la idea hasta sus últimas consecuencias inauguró un bar de hamburguesas, batidos, zumos y demás teen food, ¿su nombre? Zombie bar.
El éxito de los temas de Zombie Kids hace que fichen por Universal y el club pasa a llenar cada miércoles la sala Heineken. Pero nuestro particular y noctámbulo Peter Pan se niega a crecer y monta en 2016 Cha Cha Club, adelantándose a todo el rollo de la música urbana por el que la juventud más inquieta se pirra hoy en día. En un primer momento su entrada estaba limitada a los miembros del club pero rápidamente pasó a ser público haciendo que la sala Cocó tenga una fila enorme cada viernes para poder entrar.
Tras reformular el legendario Bar Fabuloso de Silvia Superstar para convertirlo en Lucky Dragon, Edgar nos acaba de regalar su penúltima locura junto a Laura Vandall, su nombre es Club Malasaña. Inaugurado la semana pasada en el local de la antigua sala Taboo, la discoteca quiere recuperar las reminiscencias de la disco music y e baile más orgánico, bienvenido sea. Mientras, Peter Pan seguirá volando, imaginando nuevas locuras para poder hacerlas realidad y seguir viviendo en el Pais de nunca Jamás.

                                                Imagen de El País

lunes, 28 de octubre de 2019

LA NOCHE EN LA QUE FUI A UN CLUB DE TRAP



Las diferentes generaciones de jóvenes siempre han tenido, a lo largo de la historia, sus propias movidas con sus distintas estéticas, bailes, músicas y comportamientos. Dichos movimientos obedecen a una conducta asociada a la edad  juvenil basada en la rebeldía, la creatividad y la ruptura con lo establecido y, por regla general, son desarrollados por una minoría. Con el paso del tiempo, generalmente al cabo de unos 20 años, aparecen olas revisionistas que dignifican y provocan caer en la tentación del "yo estuve allí" a coetáneos que rechazaron en su momento el asunto quedándose en el la parte más cómoda de lo establecido.
¿ Y qué imagen identitaria y definitoria se tendrá de los jóvenes actuales dentro de dos décadas? Yo lo tengo claro, esta será la del trap. Un concepto tan laxo que no se sabe del todo qué es lo que engloba aunque seguramente necesitemos todavía de cierta perspectiva.
Siendo consciente de que no es mi movida pero llevado por mi naturaleza inquieta y curiosa decido ir a uno de los clubs más famosos del guirigay trapero de la noche capitalina y conocer de primera mano en que andan metidos los que siguen eso que llaman la "música urbana".
Poco más allá de la media noche aparezco en el número 20 de la calle Alcalá, llueve a mares en Madrid y en la puerta decenas de personas resignadas esperan haciendo una cola que parece no avanzar. Dentro se celebra, como cada viernes, Cha Cha Club. Detrás de estas fiestas están Edgar Candel Kerri, Laura Vandrall y Andrea Vandrall,  que desde febrero de 2016 (cuando Cha Cha era una party privada) dieron rienda suelta a su lado más electroperrero en el antiguo cine Bogart. Por allí se dejaban caer los más cool del moderneo madrileño, transportando el mundo malasañero al otro lado de la Gran Vía.
Luego se mudaron a la cercana Alcalá 20 y dejaron de lado su clandestinidad, prometiendo, eso sí, no cambiar las reglas. Al entrar, la oscuridad inunda el local y sólo los rojos predominan en determinados momentos y lugares, como en las escaleras que llevan al baño y te hacen sentir como dentro de una bola de espejos.
Los asistentes no superan, en su inmensa mayoría, los 25 años y su estilismo es demoledor. Hay mucho de androgino, mucha herencia noventera, plataforma, chandals que se abren lateralmente pierna arriba, fosforismo, plumas de colores, leopardo y oro, mucho oro, oro hasta los dientes.
En los altavoces suena trap, reggaeton, rap, algo de electrónica y se perrea como si no hubiera un mañana.
En la pista la convivencia es total y la pose necesaria. En el mundo trap, el absolutismo del postureo también extiende su hegemonía. El vapeo es constante y el humo invade todos los rincones. El twerking exacerbado no cesa en los podiums, lo queer es parte de la fiesta y el omnipresente móvil recoge  imágenes que retransmiten a través de redes lo que sucede allí dentro. Warhol en estado puro.
En esto suena C. Tangana y la discoteca se viene abajo. Se prevé una noche intensa, que Rosalía nos pille confesados. Tra, tra.

Vídeo del ambiente de Cha Cha Club