domingo, 17 de octubre de 2021

MACARRAS INTERSECULARES


 Acabo de leer un libro que me ha flipado, Macarras Interseculares tiene por título y lo firma Iñaki Domínguez. EL autor deconstruye la imagen pomposa y capitalina de Madrid, por si hay alguien que la tenga, a través de las vidas de sus macarras más insignes. Esos populares personajes que desgastan calle como nadie, vividores castizos con valores y códigos propios, libres de convencionalismos y ambulantes empedernidos en los márgenes de una sociedad que les teme e idolatra a partes iguales.

Se trata de una figura con la que enormemente identificado me siento, al convivir con ellos desde bien pequeño en la barriada de mi Bilbao natal, y que recuerdo con cierto romanticismo pero escasa nostalgia. Eran tiempos duros para callejeros como yo que han visto como el asunto macarril se ha ido diluyendo en los últimos tiempos por feo y rudo en una sociedad que da la espalda a bellezas no normativas e historias de personas tan auténticas y reales que no tienen cabida en lo falso y aterciopelado que resulta el mundo actual.

Pero volvamos a Madrid, a ese pueblo inmenso donde las ovejas pastaban hasta, como quien dice, antes de ayer en lo que hoy se considera el centro de la Villa. En sus calles y descampados, durante la segunda mitad del siglo XX, se forjaron las leyendas de unos rufianes que han permanecido en el imaginario colectivo para generaciones enteras y a riesgo de quedar diluidas en el olvido, el autor ha logrado recogerlas en un volumen que logra inmortalizar las peripecias de quienes siguieron un modus vivendi propio, mayoritariamente masculino y suburbial. En esas barriadas y chaboladas entre lo urbano y lo rural surgieron los macarras más famosos, aquellos difíciles de encajar en una determinada categoría, y en la que caben todo tipo de perfiles, incluidos pijos descarriados con alma de barriobajeros. Y es que a lo macarra se llega por innumerables vías y sus filas las engrosan pandilleros juveniles, toxicomanos, kinkalleros, delicuentes, buscavidas, y un sinfín de fauna que es indispensable para entender la vida cotidiana en la España tardo-franquista y las dos primeras décadas de régimen democrático.

Sin tabúes, ni medias tintas, sin estereotipos, ni idolatrías, el autor documenta un recorrido por la marginalidad madrileña, caldo de cultivo y hábitat del macarra intersecular, en un texto tan interesante y adictivo, como necesario para entender y conocer una sociedad y unos tiempos. Un libro cuya lectura ha sido de lo mejorcito que ha llegado a mis manos en los últimos meses.



domingo, 10 de octubre de 2021

FANGORIA; A LA FELICIDAD POR LA ELECTRÓNICA

"A la felicidad por la electrónica" es el título de mi último video subido a Youtube y a través del cual quiero reflejar la primera etapa de Fangoria. El trabajo recorre los últimos años de Dinarama que conformaron el verdadero inicio de Fangoria y su evolución hasta 1999, cuando les llega cierto reconocimiento comercial. A partir del nuevo milenio, Alaska y Canut regresaron a las listas de éxito y radioformulas tras bailar una década en el underground más subterráneo y marginal. La pareja abandonó la comercialidad tras alistarse en la electrónica de corte acid y aunque para ellos fue un éxito artístico, economicamente resultó un fracaso en toda regla. Aún así perseveraron en el camino marcado por los beats en la etapa menos conocida de sus carrera pero más interesante desde mi punto de vista, más allá de la música, de dos personas que se mantuvieron inalterables en su proyecto, en sus ideas, haciendo de ello un éxito en si mismo.

martes, 28 de septiembre de 2021

AL OTRO LADO DE LA CABINA, EL LIBRO DE DJ NANO


Este verano he tenido la oportunidad de leer más que nunca, a mi afición por escudriñar Internet se le ha unido la publicación de diferentes libros en los últimos meses que son sumamente interesantes. Indispensables en la biblioteca  de un tipo, como yo, enamorado de la pista de baile y los fenómenos iniciados lejos de convencionalismo alguno. Entre los variados títulos que se han ido lanzando, sin duda, la repercusión mayor ha sido para la obra que cuenta la vida y mezclas de DJ Nano. 

La biografía de uno de los discjockeys más importantes de la historia clubbing española llama la atención sin necesidad de abrir sus páginas. Y es que en una época donde lo digital arrincona lo analógico el formato físico de este libro es sencillamente precioso y ha sido muy, muy cuidado. Pocos libros de música electrónica pueden presumir de ilustrarse en portada con la oscuridad intrínseca al clubbing, una oscuridad en la que se borda el título de la obra en oro, oro viejo.

Al otro lado de la cabina es la historia de DJ Nano o lo que es lo mismo, José Luis Garana de los Cobos, un joven criado en las calles de Madrid que decidió rebelarse contra el entorno burgués y acomodado que le rodeaba para diseñar su propia vida, la de uno de los artistas más reconocidos en el mundo de la música. Iniciado en la cultura del hip-hop y el graffiti, su famélico cuerpo adolescente pronto encontró un lugar en el que sentirse cómodo y útil en la cabina de las discotecas, con el tiempo en el de las mejores y más influyentes salas del mundo. 

El libro escrito junto a Miguel Ángel Bargueño va más allá de la figura del aclamado DJ y se consolida como un documento esencial para conocer el clubbing español de los últimos 25 años. DJ Nano es coetáneo a toda una generación, en la que me encuentro, nacida cuando vio la luz nuestra democracia y se alistó en las filas de la música de baile como canalizadora de la inquietud y rebeldía juvenil. Una generación que bailó la transformación del bacalao valenciano en la makina catalana, que danzó con las melodías y subidones del trance, gastó zapatilla con el renovado y accesible eurodance y el reformulado house del momento. Compartimos noches en locales donde se movía el speed y las pastillas de éxtasis como gominolas y normalizamos una violencia y delincuencia que se hizo excesivamente y lamentablemente pegajosa en la cultura de club. De todos ellos, algunos se quedaron en el camino, otros se salieron de él para enrolarse en vidas adultas carentes de sentido y los menos evolucionaron con la música, fueron dueños de su proceso vital e incluso hubo quien vivió su sueño a costa de esfuerzo y tesón, estoy hablando de DJ Nano.

                                                         Fuente: revista esquire

viernes, 24 de septiembre de 2021

VUELVE LA VIOLENCIA JUVENIL

En las últimas semanas la sociedad permanece preocupada por un aumento de la violencia juvenil, retransmitida casi al momento por redes sociales y amplificada por las televisiones generalistas. Los telediarios y periódicos abren con fotos y videos de cruentas palizas que, en ocasiones, acaban de la forma más dramática. También con cargas policiales contra botellones y fiestas al aire libre en la que las fuerzas del orden se ven desbordadas por la dura respuesta de quienes contestan a pedradas y palos. 

"La juventud está perdida" "La juventud es desagradecida" o "son unos irresponsables" son lo menos malo que escuchan por parte de sus mayores nuestros jóvenes, que recriminan una actitud que se repite una y otra vez, generación tras generación por unos adultos que hace veinte, cuarenta o sesenta años eran tildados exactamente de lo mismo. El hecho es que la juventud, lo queramos o no, lleva aparejada una rebeldía intrínseca, una inquietud rupturista y un romanticismo que a mi parecer es sano para toda la sociedad. El quid de la cuestión radica en como canalizar tanta energía para que el enfado de unos no lo paguen los otros, generalmente jóvenes también con los mismos problemas o mayores que los violentos.

Hace veinte años las peleas en las discotecas eran habituales y os puedo decir que durísimas. Cascos de moto, bates o vasos eran armas con las que pandillas juveniles se enzarzaban en violentas reyertas que no eran sofocadas hasta que llegaban los antidisturbios. La droga y la música de los 90 eran otras y crearon una escena muy dura alrededor de las noches juveniles. Con el nuevo milenio la cosa cambió. Atentados como el del 11S o el 11M crearon un rechazo de plano a la violencia en general por inútil y creadora de dolor, los cambios en las costumbres y una juventud adormilada por el consumismo se unieron a nuevas músicas que invitaban al amor y no la guerra como el house y el reggaeton. Otros fenómenos como el culto al cuerpo y el rechazo a la droga se unieron para hacer las noches más benevolentes y pacíficas. Han sido años apacibles, de muy buen rollo, de escasa violencia en la noche pero las tornas parecen estar cambiando.

Una nueva generación de chavales se suman a las pistas de baile con ganas de bronca. Son una generación que ha vivido toda su vida en una crisis. Primero económica, luego social y política. Y cuando parecía que la cosa iba a mejorar, llega una pandemia que nos encierra en casa y nos coarta de derechos y libertades. El aumento de consumo de drogas y una escena más dura, con músicas y estéticas más rupturistas y extremas, presagian un cambio de péndulo que nos devuelva a momentos críticos y desagradables protagonizados por una juventud que se ve aplastada por un mundo hostil, más que el que pudieron sentir los punks, rocker o mods de los años 70 y 80. Ellos fueron los que terminaron con el paz y amor de los hippies y ahora parece que la historia se repite.

                                             Fuente: Diario Vasco