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jueves, 24 de octubre de 2024

UN DOMINGO BAILANDO EN EL NYX

 

Bilbao y su entorno siempre tuvieron escenas al margen de lo establecido, de eso a lo que ahora se llama stablishment. Uno de esos fenómenos a los que me refiero es el que surgió en la costa del Gran Bilbao, asociado a la música electrónica de baile, en los años 90. Entre Getxo y Gorliz, dos municipios del área metropolitana, apareció un pequeño circuito de locales con enorme marcha que se ubicaban cerca del mar, en zonas no tan urbanas y que supusieron el revulsivo vizcaíno a la noche más estándar. Eran salas influenciadas por los ecos llegados de paraísos discotequeros florecidos a orillas del Mediterráneo en la mejor época ibicenca y valenciana. Entre aquellas discotecas tan especiales con un sonido tan innovador estaban el Swimming Pool, el Purgatorio, el Archipielago, The Image... 

Pero una de las paradas más recordadas de aquella ruta, seguramente por ser la última, es la del NYX. El NYX se erigió como un lugar de encuentro para amantes de la sica electrónica de baile como ningún otro. Era un caserío centenario ubicado en Gorliz y abierto como discoteca en el año 1991. En sus inicios el proyecto no tuvo seguimiento hasta que en 1997 llegó a la cabina DJ Montxo y en plena ola trancera en Euskadi, el NYX se convirtió rápidamente en uno de los afters más legendarios. En ese mismo año, Cerwin se hizo cargo del equipo de sonido, metiendo más de 45.000 watios que reventaban, sin entrecomillado, la estructura del viejo caserío. Además del espectacular equipo, Montxo consiguió una programación que te giraba la cabeza logrando traer a los mejores deejays techno y trance del momento. Pero él ya era de por si una rutilante estrella, un deejay con una trayectoria y experiencia a nivel nacional e internacional que le había hecho trabajar con los mejores. En unos meses el sonido NYX era muy reconocido y las ganas por venir a bailar al baserri de Gorliz cada vez eran mayores entre los fiesteros más osados, más bailongos, más inquietos que se rebelaban contra Morfeo y necesitaban seguir bailando un día más, exprimiendo el fin de semana hasta sus últimos minutos. De esta manera, cada domingo, a partir de las 9.00 de la mañana, el NYX se convertía en el centro neurálgico de la música electrónica en todo el arco atlántico consolidándose como un polo de atracción de jóvenes clubbers provenientes de infinidad de lugares que no dudaban en recorrer desde decenas hasta centenares de kilometros para amanecer en el parking del NYX. Muchos de ellos, a sabiendas de que se tendrían que quedar en el aparcamiento, siendo militantes de una nueva manifestación de la cultura clubbing proveniente de la valenciana ruta del bacalao llamada parkineo, fuertemente instaurada en las macros de todo el país en el que el ámbito de socialización dejó de ser la pista de baile para convertirse en el parking de la discoteca, algo que era muy frecuente en el NYX, donde la autonomía del individuo respecto a la sala era mayor y el entorno natural cobraba mayor protagonismo. Mientras a escasa distancia familias pasaban el fin de semana en la playa, en el viejo caserío la ruptura con la tradición había llegado y se visibilizaba en una muchedumbre vestida con pantalones de campana, camisetas coloridas y gafas de sol para no dejar de bailar dentro y fuera del local. Abanicos y plataformas, lentillas de cromática imposible  y piercings en lugares dispares, los carros tuneados... la escena discotequera huía, por fin, de lo bienpensante y se trasladaba a los márgenes de una sociedad que resultaba intransigente hacia determinadas maneras de ver la vida. El movimiento clubber es obligado en los 90 a salir de los centros de las ciudades para desplazarse hacia el extrarradio e ir haciendo suyos espacios como naves industriales, fabricas apartadas y viejos caseríos. Algo que confrontaba con una sociedad tan tradicional como la vasca. Sea como fuere, pese a tener un aforo de 500 personas, eran miles los clubbers que se acercaban por Gorliz todos los domingos para no dejar de bailar por mucho que el sol estuviera brillando. Parecía un sueño. 

Una utopía que se va agotando cuando la crisis económica, los cambios de costumbres y desavenencias contractuales con los propietarios terminan con el sueño clubbing. En 2008 el legendario local cierra sus puertas aunque aún hoy es recordado por muchos que todavía tienen grabado unas sesiones donde se gritaba bien alto “No digas domingo, di NYX” 



martes, 7 de febrero de 2023

FROILAN Y LOS AFTERS EN LA DIANA

Lo ubicábamos por Abu Dabi pero resulta que este sábado se lo ha encontrado la policía en un after madrileño divirtiéndose y claro, de ahí a ser masacrado en Twitter hay un paso. Estoy hablando de Felipe Juan Froilán de todos los santos A.K.A. Froilán de todos los antros. Un chaval al que le va la marcha como a nadie y no deja garito por el que pasar a correrse la juerga padre. Si fuera el veinteañero de tu escalera también sería señalado por la comunidad de vecinos, víctima de chismes y cotilleos pero cuando se trata del sobrino del Rey de España la cosa se desborda. Y en esta sociedad que va tan de moderna como cateta es, tan progre de puertas para fuera como mojigata en su fuero interno no es de extrañar que hayan salido todos en trompa para machacar los after, la Corona, la droga y la noche aunque en el fondo estén atacando la libertad y la diversión como los inquisidores lo hacían en el medievo.

Y es que para atacar a la monarquía como sistema de Gobierno hay otro tipo de argumentos pero hacerlo porque uno de sus miembros se divierta lo veo ridículo. Y es que si tenemos que tener una aristocracia pagada a escote prefiero que se dediquen a lo que les corresponde, vivir la vida contemplativa y no meterse en los asuntos de Estado. Ser un florero, algo superfluo, un adorno para decorar las fiestas navideñas. 

Y a estas alturas de la historia no nos hagamos los sorprendidos porque los Borbones nunca han sido de quedarse en palacio. Los antepasados de Froilán han estado en todos los saraos habidos y por haber, fueron pioneros en la promoción de cine porno en España, seguidores de vedettes y asiduos de los privados en la Joy Eslava. Y los prefiero en ese perfil farandulero y parrandero que en otro diametralmente opuesto, el de inmiscuirse en la vida política del país o en la toma de decisiones geoestratégicas. 

Pero si algo me preocupa del tsunami biempensante de los últimos días respecto al caso traído a colación no es el ataque a Froilán, sino el ataque a lo que estaba haciendo: divertirse. Es esa ofensiva retrograda de lo que deben ser las buenas costumbres, la correcta moral y el orden establecido. Es afianzar la idea de que hay una manera buena de divertirse y otra no. Es criminalizar la juventud, el sexo, las drogas, el baile y los after. Es imponer lo políticamente correcto como dogma y en un mundo tan multidireccional y confuso hay quien por atacar a la Familia Real saca a la palestra un discurso de una ranciedad y autoritarismo soterrado que resquebraja los valores democráticos y termina por casi convertir a Froilán en un activista de la libertad individual. Y eso sería del todo posible si saliese y diría que no hay nada malo en la farra, el desfase, la música y la diversión, que no fuera de tapadillo como lo hicieron sus ancestros y que es una opción tan válida como otra. Lo único malo que yo veo es que esa opción sólo pueda ser apta para los que tengan sangre azul.