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lunes, 18 de abril de 2022

THE SAINT, EL CLUB NEOYORQUINO QUE MARCÓ EL RITMO EN LOS 80

 


Hubo un tiempo donde Nueva York fue la capital del mundo, dudo si hoy en día lo seguirá siendo. Un tiempo donde la ciudad fue admirada por su poder mediático, cultural, político y económico. Era el lugar donde residía la modernidad, la innovación, donde todo sucedía y en el que el resto del mundo se fijaba para intentar imitar. A mi siempre me llamó la atención su parte antropológica, especialmente la que se desarrollaba en los suburbios, en los márgenes, en los sotanos de sus rascacielos donde la luz no llegaba a entrar.

La Gran Manzana era la Meca mundial de las discotecas y clubs, desde las amplias y pijas hasta las más pequeñas y sucias. Desde las grandes salas de fiesta hasta los antros de mala muerte. Desde sus pistas se crearon escenas maravillosas e historias que han inspirado a innumerables artistas del siglo XX. Una de esas historias es la del club The Saint.

El superclub gay abrió en 1980 con ganas de estirar el chicle setentero de la disco music en un local imponente, las antiguas instalaciones de la Fillmore East, que costó la friolera de cuatro millones y medio de dolares de la época. Gran parte de la cantidad fue aportada por los por entonces concurridos baños gay New Sant Marks, los más grandes del mundo. La discoteca contaba con el mejor equipo de sonido y luces y una cúpula que le sirvió para que la llamaran "El Vaticano" de las discotecas. Al principio intentó recuperar la idea de club selecto en la que sólo sus socios podían entrar a cambio de pagar una elevada cantidad de dinero anual que pronto  tuvo que ser rebajada. En esos inicios de la sala, por allí se dejaban caer hombres homosexuales de alto poder adquisitivo que veraneaban en Fire Island y cuya máxima preocupación era esculpir su cuerpo y dar rienda suelta a sus pasiones sexuales. Muy en consonancia con la música que allí se pinchaba y que pronto evolucionó hacia sonidos más duros, limpios y rápidos dejando atrás la disco music primiegena para adentrarse a los sonido Hi-NRG.  Y es que The Saint fue uno de los espacios de referencia en la ciudad en cuanto a sonido, deejays, diseño y artistas invitados. Sus DJs residentes durante el primer año fueron Alan Dodd y Jim Burgess aunque por su cabina pasaron una multitud de nombres de manera sucesiva. Era una pieza clave en ese  universo extremedamente hedonista y paralelo al de la mayoría de la población, que tenía otros modos de vida, pero que respetaba la libertad de cada cual para hacer de la suya lo que quisiera. Al menos eso fue así hasta bien entrados los años 80 donde una nueva ola conservadurista cambió las tornas de la opinión pública que comenzó a tomar posturas más retrogradas y menos liberales en la mismísima ciudad donde reside la estatua que hace honores a la libertad. En esta nueva tendencia tuvo mucho que ver la epidemia de SIDA cuyas consecuencias ya comenzaban a publicarse en la prensa desde 1981. Ese año The New York Times ya describió como "cancer gay" la misteriosa enfermedad que padecían docenas de homosexuales y que muchos apodaron "la enfermedad de Saint", debido a que varios clientes y asiduos de la discoteca empezaron a padecer infecciones oportunistas cuyo origen se desconocía. Se había iniciado una estigmatización que según avanzaba la epidemia hizo aumentar el rechazo a todo lo relacionado con la homosexualidad en particular y el sexo en general.

 Es el momento en el que The Saint mantiene su decisión de continuar aunque la libertad sexual del primer año se fue perdiendo con progresivamente y de manera paralela al paso de un tiempo que fue muy duro, donde mucha gente murió de manera repentina. Finalmente la discoteca abrió al público heterosexual en 1985 y el ambiente cambió de manera radical, era la degradación. Comienzan las peleas, las reyertas y la putrefacción de esa energía positiva que se consiguió en los inicios. En 1988 se decide cerrar y The Saint lo hace por todo lo alto, en una fiesta que comenzó el 30 de abril y terminó el 2 de mayo. 40 horas de música a cargo de los deejays más populares de la historia de la discoteca en un emotivo evento que congregó en la pista a miles de personas despidiéndose de lo que ha sido uno de los clubs más totales de la historia pero también homenajeando a aquellos que partieron demasiado pronto.



martes, 11 de mayo de 2021

FIRE ISLAND, LA ISLA LIBRE

 


En la historia de la música de baile, como en cualquier otra historia tenemos una serie de lugares, fechas y protagonistas de referencia, incluso icónicos. Pero cierto es que en todo relato oficial, el sesgo y la simplificación se hacen inevitables a la hora de llegar al conocimiento del mismo por un mayor número de personas, dejando en el olvido elementos y fenómenos interesantes y sorprendentes a quien, como yo, rastrea caminos como el de la historia de la música popular y las discotecas para tener y compartir la visión más completa del asunto. Se trata de tejer una historia de historias que se acerque de la manera más fehaciente a la realidad.

Y en este sentido, el artículo de hoy lo escribo acerca de un capítulo de la disco music relativamente desconocido y excitante, el que hace referencia a la Fire Island. Fire island es una extraña isla de unos 50 kilometros de largo y uno de ancho ubicada junto a Long Island, a unos 80 kilómetros del centro de Nueva York. Su soleado clima en verano, llena de árboles se sasafrás, arena blanca y enormes olas esperando ser surfeadas es lo más parecido al paraíso cerca de la Gran Manzana.

Desde tiempo atrás fue refugio para contrabandistas y piratas pero a partir de las primeras décadas del siglo XX, se convirtió en el hogar de artistas y empresarios del mundo del espectáculo que huían de la ciudad para llevar a cabo una vida bohemia en un lugar virgen, desértico y ajeno a miradas inquisitorias en el que la luz eléctrica no llegó hasta los años 60, para hacernos una idea del entorno del que hablamos. La atmosfera de libertad y el laxo control policial que allí se respiraba fueron atrayendo a cada vez más gente hasta convertir la isla en uno de los lugares de veraneo más populares entre gays y lesbianas. Allí podían pasear tranquilamente de la mano personas del mismo sexo, compartir días de playa, balneario y noches que para el año 1970 eran apoteósicas con la inauguración del club nocturno Ice Palace y las sesiones discotequeras del restaurante Sandpiper, a las que se unió el verano siguiente el Botel Club. Allí, tan cerca y tan lejos a su vez de los rascacielos, cuerpos esculpidos y bronceados al sol bailaban en fiestas temáticas en una libertad plena una música tan erótica y lasciva como energizante. 

En 1972 la disco music sonaba con más fuerza que nunca en unas pistas de baile llenas de personas entregadas a la danza en fiestas llenas de exceso, despreocupación y hedonismo, donde su público, entendido como en ningún otro lugar, silbaba y zapateaba cuando el tema que sonaba les apasionaba o dejaban la pista vacía en caso contrario. 

Fire Island fue un oasis donde la disco music germinó con más fuerza y rapidez porque su entorno ya era propicio y plenamente identificado con los valores de un movimiento que Nueva York adoptó como suyo sirviéndose de la Isla del Fuego como un espejo donde quería ver reflejada su noche. 

De aquella inspiración nacieron clubes como Tenth Floor o Flamingo y un nuevo estilo vibrante y novedoso, la Hi-NRG. Pero eso ya sería otro capítulo de esta maravillosa historia.  




jueves, 22 de abril de 2021

REGINE ZYLBERBERG, LA REINA DE LA NOCHE


Cuando investigo en libros e Internet para descubrir submundos, supramundos para mi, de vez en cuando me encuentro con personas con una vida tan intensa, diferente y trepidante que vuelvo a confiar en el propio mundo. Una de estas personas es Regine Zylberberg. Su infancia no fue fácil, se la pasó de internado en internado pero siempre, según cuenta ella misma, riendo y bailando. Desde muy joven comenzó una carrera musical que, aunque llena de éxitos, pronto dejó. Y lo hizo por adentrarse en el mundo de la noche. El motivo era claro y diáfano para ella. Según contaba en una entrevista concedida para la publicación Gala "Recibir gente, darles momentos de alegría y de buen humor, propiciar los encuentros, promover las amistades me llenaba”.

Tras regentar Whisky a gogo en 1953 en el que ejerció como DJ eliminando la jukebox, implementando luces y la continuidad entre canciones, en 1957 decide abrir Chez Régine o lo que es lo mismo, el lugar de moda de la noche parisina. A partir de ahí comenzaría una carrera profesional que le llevaría a poseer 25 clubes con la marca Regine en tres continentes en ciudades como Montecarlo, Londres y Nueva York En esta última ciudad vivió en una suite del hotel Delmonico, mientras en los bajos del establecimiento abrió un nuevo club. Tal y como dijo Lagerferd ella “simplemente inventó el night clubbing”. Las fiestas temáticas, la inclusión de la figura del DJ o la estrategia comercial de una entrada a sus clubs muy restrictiva para generar deseo y exclusividad en su clientela. Este último elemento no condujo a un elitismo dentro de sus fiestas, todo lo contrario, ella fue una de las precursoras de favorecer la mezcla en la pista de baile, dos eran los únicos requisitos para estar allí: ser divertido y tener personalidad.

Regine siempre estuvo en contra del consumo de alcohol y las drogas, seguramente porque sabía de sus consecuencias al ver a su padre. Ella, la que bailó con todas las estrellas mundiales, la que más que una reina consideró anfitriona, tan moderna que odiaba la nostalgia y tan única que cada una de sus fiestas son los cumpleaños que nunca tuvo de niña.

viernes, 24 de enero de 2020

LA LEYENDA DEL CBGB



Si la música disco tuvo su templo en el Studio 54 de Nueva York, el reverso sónico setentero encarnado en el punk tuvo su club fetiche no muy lejos de allí, en el CBGB. Ubicado en el 315 de Bowery y fundado por Hilly Kristal en 1973, su nombre completo era CBGB & OMFUG, es decir "Country Bluegrass Blues and Other Music For Uplifting Gormandizers". Las cuatro primeras letras hacían referencia a los géneros que pretendían escucharse allí y la segunda parte viene a ser algo así como otra música para animar a devoradores. 
Al poco tiempo de abrir, aparecieron por el local dos jóvenes que preguntaron a Hilly si podrían tocar allí con su banda. El dueño aceptó y  otorgó la residencia de los domingos a Television, el rock comenzaba a escribir un nuevo y glorioso capítulo. Los grupos rockeros más vanguardistas de la ciudad hicieron del CBGB su cuartel general y por su pequeño escenario empezaron a pasar grandes del punk como Ramones, Blondie, Patti Smhit, Suicide, Talking Heads... en un esperpento fielmente retratado por fotógrafos como David Godlis o Roberta Bayley.
La guerra punk entre Londres y Nueva York no llegó al CBGB, donde se acogió a todo el mundo que tuviera que gritar algo. Se acabó el aburrido y pomposo rock sinfónico, había rabia y ganas de acelerar el asunto. Los temas ahora iban a  ser cortos, no había tiempo, no había futuro y sí mucho aquello del "hazlo tu mismo". Finalmente, nunca se instauró el blues, ni cualquier cierto sonido negro, ya sea disco, funk, jazz, house.. 
La historia del CBGB se prolongó hasta el año 2006. Hay quien se atreve a decir que por aquel pequeño, oscuro y mugriento garito pasaron más de 50.000 bandas y en lo que todos coinciden es en afirmar que el club escribió una página dorada de la música y los templos del buen vivir.

miércoles, 20 de marzo de 2019

THE HACIENDA, CÓMO NO DIRIGIR UN CLUB

Bajo el mismo título que el de este post, la editorial Contra acaba de publicar hace escasas semanas la edición en español del libro donde Peter Hook cuenta la delirante historia de uno de los clubs de música de baile  más importantes de todos los tiempos. El integrante de New Order explica como sus compañeros de banda y su manager Rob Gretton se embarcaron en la empresa más hilarante y despropositada de su vida, donde perdieron millones de libras pero lograron ser artífices de una discoteca legendaria y un fenómeno de embergadura mundial y que se conoció como Madchester. 
Los herederos de Joy Division flipaban en sus giras norteamericanas con la escena clubbing neoyorquina y deseosos de fiesta y música replicaron algo parecido en una vieja nave de su Manchester natal. El negocio nunca fue tal y el romanticismo de sus promotores propiciaron que la aventura se prolongará 15 años impulsando la escena acid house de Gran Bretaña y la cultura del DJ. 
Todo acabó degradándose con la llegada de elementos externos a la movida inicial, especialmente con las mafias y pandillas que instauraron formas criminales y una oleada de violencia sin precedentes. Las autoridades, las nuevas tendencias y sobre todo y ante todo, las deudas, acabaron con una sala que permanecerá en el recuerdo colectivo de todos los que amamos la cultura de club.
El libro rebosa datos y anécdotas que enriquecen su lectura, se nota que se escribe desde dentro y provoca que hoy en día ya conforme parte de un legado que hará imborrable el recuerdo de un lugar cuyo objetivo fue construir, volver a construir algo para acabar con el aburrimiento y regresar a la hacienda.


jueves, 30 de agosto de 2018

ANDREA DE PORTAGO, LA REINA DE STUDIO 54


Andrea Cabeza de Vaca podría ser la protagonista de una película de Hollywood o el eje central de una novela llena de lujo, glamour y brillo pero también repleta de miserias, tristeza e infortunio. Incomprensiblemente desconocidos para la mayoría de ciudadanos, ella desciende de una estirpe de aventureros y multimillonarios aristócratas. Su padre era tataranieto del conquistador de La Florida y ahijado del rey Alfonso XIII. Don Alfonso Antonio Vicente Eduardo Ángel Blas Francisco de Borja Cabeza de Vaca y Leighton, marqués de Portago y conde de La Mejorada fué, además, el padre de Andrea. Un señor con una intensa vida, viajero, deportista, juerguista y mujeriego, muy mujeriego. Su imponente físico le facilitó esta última faceta, siendo una especie de James Dean, que como él murió muy jóven,  mientras competía en una carrera de Fórmula 1 al volante de un Ferrari en una tarde de domingo de 1957, tenía 28 años. Andrea perdía a su padre con tan sólo 6 años y su madre la enviaba a un internado de Gran Bretaña, separándola de su hermano Antonio.

Unos años después, ya adolescente, nuestra protagonista se fue a vivir a Nueva York en una época en la que la ciudad bullía. Allí rápidamente formó parta de la alta sociedad y también de su farándula. En los 70 fue una importante modelo y asidua de los divertidos y múltiples locales que engalanaban la legendaria noche neoyorquina. En plena fiebre disco quemó tacón en las pistas de innumerables salas hasta llegar a Studio 54, donde fue la reina. Andy Warhol se fijó rápidamente en ella y la introdujo en su Factory como una de sus musas.  La marquesa de Portago apareció en la revista Interview, la publicación que adelantó sus planes de boda con MIck Flick, el heredero de Mercedes-Benz. Además, dicen que Andrea podría haber sido esencial para aquel memorable viaje de Andy a Madrid en 1983, cuando la Movida, en su versión más paleta, necesitaba de su bendición. 

Con el tiempo, Andrea de Portago se convirtió en una fotógrafo de culto y parte de una leyenda, la de Studio 54.




miércoles, 26 de abril de 2017

SE CUMPLE 40 AÑOS DE LA APERTURA DE STUDIO 54

Hoy hace exactamente 40 años que abrió Studio 54. En el 254 de la calle Cincuenta y cuatro Oeste, en pleno corazón de Manhattan, al ladito de Broadway, se ubicó durante casi cuatro años la que ha sido la Reina de las discotecas. Ian Shraeger y Steve Rubel, dos vividores de barriada con ansias de comerse la noche newyorquina, fueron los artífices de este templo donde se rindió culto al exceso y el placer. Desde su espacio y diseño hasta sus fiestas y conductas allí realizadas, el despropósito fue la marca de la casa. Todo era exagerado y tremendamente hedonista, desde la luna gigante que observaba la pista de baile mientras esnifaba cocaina hasta el equipo de música. Centro neurálgico de la diversión a nivel mundial y epicentro de la disco music con efectos globales, su fama traspasó fronteras. Cantantes, actrices, albañiles, putas, modelos y cualquiera que aportará algo al desfase era bienvenido, de lo contrario su puerta era infranqueable para mortales clónicos y vulgares de vidas grises y aburridas. Libertad y libertinaje fueron de la mano para corromper cualquier atisbo de cordura, sentido común o norma, incluidas las de la disco music. Hoy celebramos 40 años de todo aquello, un hito en la historia de las discotecas, de la música y de la Humanidad.


martes, 14 de marzo de 2017

LA MÚSICA DISCO Y THE CONTINENTAL BATHS

La música disco es, para muchos, la película "Fiebre del Sábado Noche", los Bee Gees o Studio 54 pero eso, en realidad, fueron los estertores de un movimiento que hundía sus raices en el underground más absoluto de la sociedad americana. Allí donde la moral establecida, los estándares sociales y las personas biempensantes se negaban a mirar de frente surgió el fenómeno disco. De la clandestinidad y lo marginal han surgido a lo largo de la historia cosas maravillosas y en este caso, fiel reflejo de una cultura subterranea, como si de una simbología representativa se tratara, todo se propició en varios sotanos de Nueva York. Uno de ellos fue el del hotel Ansonia, donde se ubicó desde septiembre de 1968, los Continental Baths. No fueron los primeros baños para que los hombres homosexuales dieran rienda suelta a sus pasiones en Nueva York pero sí los que dejaron de lado la sordidez de los locales que venían estando abiertos desde principios del siglo XX y abrazar las columnas de espejos para intentar llegar a "la gloria de la Antigua Roma". Allí, entre la promiscuidad y hombres en toalla haciendo realidad sus fantasias, varios discjockeys pinchaban música sensualmente arrolladora. Y es que Steve Ostrow, fundador del centro hedonista y libertino, siempre tuvo en su local atracciones, más allá del sexo, como shows de cantantes en directo y sesiones de pinchadiscos. Allí puso música Larry Levan o Frankie Knuckles y en su ambiente humedo y nebuloso se forjó, en parte, una escena que creció y se propagó rapidamente por la Gran Manzana.


Frankie Knuckles and Larry Levan at the Continental Baths, from Tim Lawrence’s Love Saves the Day (original photo courtesy of Bob Casey). Franckie y Larry en el Continental Baths




Actuación de Bette Midler en el Continental en el año 1971

miércoles, 6 de abril de 2016

¿QUIÉN FUE DISCO SALLY?



En su último álbum, Fangoria, dedica un tema a Disco Sally pero... ¿quién hay detrás de este personaje?
Disco Sally fue el nombre de guerra de Sally Lipman, una abogada nacida en el año 1900 que tras enviudar decidió cambiar su vida, ponerse el mundo por montera y postrar la noche neoyorquina a sus píes. Los años finales de su existencia los dedicó a un hedonismo exacerbado, abrazando el baile infinito y la juerga sin límites. En 1980 se casó con Yiannis Touzos, de tan sólo 28 años. Un enlace que fue recogido en gran parte de la prensa española de la época, incluido en "ABC", donde ilustraban el evento con una imagen de la letrada y su flamante cónyuge en pleno baile en mitad de la sala Magique.
Ella nos demostró lo absurda que es la vida y lo absurdo de malvivirla  bajo el yugo de convencionalismos impuestos. En Studio 54, en plena pista de baile, en pleno extasis encontró la muerte, que mejor lugar para rubricar una leyenda.