Uno de los clubs más importantes, por trayectoria e influencia, de la historia en España es el Ochoymedio. El club indie por excelencia abrió sus puertas en el año 2000 en Madrid y resultó definitorio para acercar la música independiente a la mayoría. Era el momento de crear una alternativa a la hegemonía de la música electrónica, especialmente al house y a los sucedáneos bacalas de finales de los 90 y establecer una nueva escena discotequera fundamentada en el pop alternativo, algo totalmente rupturista en aquel momento.
El Ocho comenzó a andar cuando Belén Chanes (DJ Manazas) y Luís Garcia Morais (Luiliminili), que tenían el grupo L-Kan, decidieron aceptar la oferta de Juan Carlos Alonso, consistente en crear una sesión para los viernes en la sala Flamingo, en cuya empresa gestora trabajaba. Rápidamente se les unió David Pardo (David Smart)
Allí se desarrolla un proyecto novedoso, rabiosamente moderno y sin prejuicios a la hora de pinchar el llamado tontipop madrileño mientras los asistentes chupaban piruleta. La sala Flamingo cerró en el año 2011, dejando una pintada en el local donde se podía leer Fucking Zara! y el club se muda a un nuevo hogar. La sala Bult es el sitio elegido, con un aforo que dobla al del anterior local pero que tras unos meses de adaptación consiguen llenar y desde allí se explota un fenómeno que han seguido otros muchos clubs e implementado en otras ciudades. El indie se vuelve mainstraim y el moderneo impone su estética en amplios sectores de la juventud que adopta los postulados del hipsterismo. Indie y moderno se asimilan reciprocamente en dos etiquetas que comienzan a diluirse entre ellas. ¿Os acordáis lo cool que era ser hipster? Sin el Ochoymedio nunca hubiera pasado.
Quien sí pasó por el club fueron nombres como el Columpio Asesino, La Casa Azul, Sigue, Sigue Sputnik, Franz Ferdinand, C Tangana, Rosalía y hasta Lady Gaga. Son algunos de los artistas y grupos de una lista que impresiona y pone en valor el trabajo de un trío que ha hecho historia en la cultura clubbing.
Pero El Ocho no sólo ha sido un espacio para conciertos de esos grupos que tanto molan, en el club se ha dado una gran importancia a la figura del deejay y han hecho una gran labor por mezclar géneros y estilos de diferentes tiempos, algo con lo que también rompieron en su momento donde los géneros se encontraban muy estancos en sus espacios demasiado puristas. Y es que el Ocho ha sido pop en su sentido más amplio, abriendo el espectro hasta donde se pueda. Dance, rock, electropop, electroclash, disco, sonidos urbanos... pocos fueron los límites a la hora de bailar.
Desde el año pasado el club volvió a cambiar de casa y ahora reside en el legendario Joy Eslava. Con doble sesión semanal sigue en plena vigencia demostrando como ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos y ofreciendo una mayor, si cabe, variedad sónica.
Por cierto, por mucho que se dijera en los foros, nunca hubo garrafón.
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