miércoles, 29 de mayo de 2024

30 SECONDS TO MARS ARRASA EN MADRID

Hoy, el día en el que todo Madrid sueña con encontrarse a la vuelta de la esquina con Taylor Swift, víspera de su doble concierto en el Santiago Bernabéu, voy a escribir la crónica de la otra gran actuación internacional de la semana en la capital, estoy refiriéndome al live de Thirty Second To Mars el pasado lunes en el WiZink. 

Seguramente te parecerá raro que publique un artículo acerca de un grupo de rock, dado mis preferencias por otros géneros, pero lo de los hermanos Leto va mucho más allá del rock y por supuesto de la música. Quedarme en ambos conceptos sería demasiado encorsetamiento para un directo no apto para puristas y sí para amantes del espectáculo, como yo, donde pude encontrar elementos muy dispares y con reminiscencias al wrestling americano, una misa animada, el circo, la pista de una discoteca, el cabaré, un festival, una fiesta de cumpleaños o una película de Hollywood, entre muchos otros.  

El concierto fue un auténtico show que dio inicio con una cuenta atrás narrada por una voz robótica mientras Shannon y Jared aparecían en las grandes pantallas camino del escenario. Una iluminación apabullante, globos, fuego, chispas y confeti, cantidades ingentes de confeti no dejaban espacio para el descanso. 

Jared Leto ejerció de lo que es, una estrella del rock&roll. El estadounidense hizo participe de la fiesta al público en todo momento, estableciendo una especie de comunión entre las miles de personas congregadas en el pabellón. Todas ellas coreando al unísono tema tras tema, bailando, botando y elevando sus brazos haciendo la señal del triángulo. Además, Jared, que se atrevió con diferentes frases en castellano, incorporó en la actuación constantes guiños al público español. No se cortó en nada, como es él, animándose a lucir una camiseta de la selección de fútbol, la bandera rojigualda, una chaquetita “made in Palomo Spainy tocar “Alibi” en acústico con guitarra española. 

Por supuesto, también se bailaron “This is War”, “Stuck”, “Beatiful Lie”, “Rescue Me” y otros himnos que nos llevaron al final de la noche y con él, la apoteosis mesiánica en la que Jared Leto sub a decenas de seguidores encima del escenario para acabar con la emblemática “Closer To The Edgeen”. Madrid arde y el confeti cae con más fuerza que nunca mientras los presentes lo graban todo. 

En el Madrid de los 80 se decía de algo inusual, divertido, raro, genial, inclasificable, distinto que era una marcianada. Lo del lunes fue una marcianada mayúscula, una hipérbole marciana, un ditirambo que nos hizo sentir que estamos a 30 segundos de aterrizar en Marte. 

foto:live nation



martes, 21 de mayo de 2024

DISCO, IBIZA, LOCOMÍA

 

Dentro del fenómeno nostálgico, que parece no tener fin, a la hora de revisitar los años 80 y 90 del siglo pasado hay un interés inusitado por Locomía. Aquel, a priori, efímero grupo que volvía locas a las chicas con sus coreografías llenas de abanicos tenía mucha más historia y trasfondo del que todos pensábamos en la recién estrenada década noventera. 

Y el último capítulo remembero del asunto es el esperado estreno del largometraje que cuenta la historia del grupo. “Disco, Ibiza, Locomía” es el título de la película estrenada la semana pasada y que no he podido esperar mucho para ir a verla. 

El trabajo intenta ser fiel a la realidad y lanza datos en cuanto a fechas, lugares, personas... evidenciando el esfuerzo de sus responsables por, más allá de entretener, dar a conocer el asunto sin desviarse mucho de la realidad. Por ejemplo, integra en todo momento a uno de los componentes imprescindibles como lo fue Lurdes Iribar, la total desconocida para el gran público de la época. Explica perfectamente como la brecha inicial de todo el embrollo venía dada por la pasión por el diseño de moda. Y tampoco rehúsa a reflejar de manera explícita el entorno liberal y festivalero que rodeaba al grupo en cuanto a drogas y sexo no convencional.  

Por otra parte, me resulta demasiado rápida la trama, el planteamiento de abordar la historia desde una perspectiva de comedia y el final con moraleja, tipo Disney, no me terminan de convencer, aunque es una opinión muy personal. Y es que entiendo que lo prioritario haya sido entretener al espectador utilizando para ello una historia real. Reconozco que, para un descreído de la ficción y amante de los documentales, salí más que contento del cine. Y desde luego, en cuanto a pasar un buen rato, los creadores de la peli lo han conseguido porque su visionado se pasa en un suspiro. Y eso significa que engancha y el fin último se ha logrado. La frescura de la cinta me flipa, la incorporación de trazos dibujados o los flashbacks continuos son elementos que me han gustado mucho. También la música y su importancia capital en todo este asunto. Se ha tratado el mundo de las discotecas y la dance music con respeto y conocimiento, algo que, por desgracia, llama la atención. 

Y sobre todo estoy feliz por ver a nuestros creativos, directores y productores, como Kike Maíllo, atreverse a contar historias españolas, tan nuestras, sin complejos. Me enorgullece que La Veneno, Locomía, la Ruta del Bakalao, Miguel Bosé, Angel Cristo y Barbara Rey por poner algunos ejemplos cercanos al mundo de la música y el espectáculo, que tanto me apasiona, tengan sus series o películas. Porque hasta hace muy poco, parecía que sólo el mundo anglo podía producir trabajos interesantes y entretenidos de aspectos referidos únicamente a su cultura popular, devaluando al resto. Pero en los últimos tiempos hemos demostrado que en España existen historiones por contar, biopics maravillosos por desgranar y espectadores a los que nos encantan devorarlos.  

domingo, 19 de mayo de 2024

VUELVE DÍSCOLO CLUB

 

Hace poco más de un lustro comencé un proyecto de club con residencia en el pub Key para atraer el concepto de tardeo a la ciudad de Bilbao y ofrecer una opción diferente a los botxeros más inquietos. De esta manera surgió Díscolo Club, una propuesta que tuvo varias ediciones pero que se vio truncada por la epidemia de coronavirus.  

Ahora creo que ha llegado el momento de retomar el asunto y volvemos a la carga con nueva imagen y las energías renovadas. Hacemos valer el manifiesto que se publicó en su día y replico aquí para entender el clubbing y la fiesta como una herramienta de insumisión y rebeldía en un mundo cada vez más polarizado y restringido. Queremos divertirnos de manera libre y eso siempre es algo que ha sido mirado con recelo por quienes quieren controlar a la ciudadanía. 

A partir de ahora el concepto de Díscolo Club se abre un poco más para plantear lugares de encuentro que vayan más allá de lo digital. Y aunque nuestro cuartel general seguirá siendo el maravilloso pub Key, seguramente habrá otras pistas de baile o plazas donde las personas díscolas nos encontremos. 

La idea es crear un club, abierto, aperturista, diverso y díscolo donde el carácter de sus integrantes esté en consonancia con los valores mencionados y por supuesto, que ante todo sea divertido. Las subculturas populares como las relacionadas con la electrónica, los deejays, lo drag... y las mil y una ocurrencias que vayamos generando tendrán cabida en este cajón de sastre. Bien es cierto que la música será nuestro eje principal y desde el cual pivotará el resto de la actividad. Queremos contribuir a la vida social y participativa de Bilbao, la ciudad a la que tanto queremos, dinamizando su día a día desde la propia ciudadanía. 
Es tiempo de ser díscolo, es tiempo de ser díscola y contamos contigo para hacerlo la realidad. ¡Regresa la revolución y la haremos bailando!