domingo, 27 de octubre de 2024

VUELVE DÍSCOLO CLUB

 

Me hace muchísima ilusión escribir este post porque con él quiero comunicaros la vuelta de Díscolo Club. Hace 5 años comenzó a dar sus primeros pasos este proyecto a través del cual quiero reivindicar la fiesta como un elemento subversivo, cohesionador, dinamizador y creativo. 

La fiesta entendida de varias maneras, pero de forma diferente a lo habitualmente establecido, entendida como un elemento con identidad propia, sujeto de carácter artístico y artefacto que desarrolle espacios de libertad y diversidad. La fiesta más allá de la fiesta, como manera de rebeldía ante una sociedad acartonada y huérfana de referentes. Pero sobre todo y, ante todo, una fiesta divertida y alegre. 

Díscolo Club se asienta en una única premisa, el respeto al libre albedrío y la intolerancia a la intolerancia. A partir de ahí, todo vale. Bebemos de la cultura de club, el pop art y lo trash. No quiero quedarme sólo en fiesta y baile, quiero ir más allá. En esta nueva andadura quiero explorar nuevos formatos como exposiciones, coloquios, tertulias, entrevistas en directo, conciertos y performances. 

Nuestro cuartel general será el pub Key porque en Bilbao pocas salas cuentan con los recursos técnicos y la historia de ella. Un pequeño local ubicado a escasos metros del Ayuntamiento, bien conectada con transporte público y la benevolencia de quien no podría ser mejor padrino para una propuesta de este tipo, el gran Asier Bilbao. 

Como te digo, Díscolo Club se ha reactivado y aunque se trata de una idea abierta a todo el mundo, necesitamos de una pequeña comunidad que quiera participar como socio de algo que va a revolucionar la ciudad y dará mucho que hablar. A cambio tendrá ventajas y beneficios en todos los saraos que llevemos a cabo. Tienes toda la info en el perfil de instagram de @discoloclubmusic donde también puedes ponerte en contacto para conseguir tu membresía. 

Regresa Díscolo Club, hagamos la revolución bailando. 

 

jueves, 24 de octubre de 2024

UN DOMINGO BAILANDO EN EL NYX

 

Bilbao y su entorno siempre tuvieron escenas al margen de lo establecido, de eso a lo que ahora se llama stablishment. Uno de esos fenómenos a los que me refiero es el que surgió en la costa del Gran Bilbao, asociado a la música electrónica de baile, en los años 90. Entre Getxo y Gorliz, dos municipios del área metropolitana, apareció un pequeño circuito de locales con enorme marcha que se ubicaban cerca del mar, en zonas no tan urbanas y que supusieron el revulsivo vizcaíno a la noche más estándar. Eran salas influenciadas por los ecos llegados de paraísos discotequeros florecidos a orillas del Mediterráneo en la mejor época ibicenca y valenciana. Entre aquellas discotecas tan especiales con un sonido tan innovador estaban el Swimming Pool, el Purgatorio, el Archipielago, The Image... 

Pero una de las paradas más recordadas de aquella ruta, seguramente por ser la última, es la del NYX. El NYX se erigió como un lugar de encuentro para amantes de la sica electrónica de baile como ningún otro. Era un caserío centenario ubicado en Gorliz y abierto como discoteca en el año 1991. En sus inicios el proyecto no tuvo seguimiento hasta que en 1997 llegó a la cabina DJ Montxo y en plena ola trancera en Euskadi, el NYX se convirtió rápidamente en uno de los afters más legendarios. En ese mismo año, Cerwin se hizo cargo del equipo de sonido, metiendo más de 45.000 watios que reventaban, sin entrecomillado, la estructura del viejo caserío. Además del espectacular equipo, Montxo consiguió una programación que te giraba la cabeza logrando traer a los mejores deejays techno y trance del momento. Pero él ya era de por si una rutilante estrella, un deejay con una trayectoria y experiencia a nivel nacional e internacional que le había hecho trabajar con los mejores. En unos meses el sonido NYX era muy reconocido y las ganas por venir a bailar al baserri de Gorliz cada vez eran mayores entre los fiesteros más osados, más bailongos, más inquietos que se rebelaban contra Morfeo y necesitaban seguir bailando un día más, exprimiendo el fin de semana hasta sus últimos minutos. De esta manera, cada domingo, a partir de las 9.00 de la mañana, el NYX se convertía en el centro neurálgico de la música electrónica en todo el arco atlántico consolidándose como un polo de atracción de jóvenes clubbers provenientes de infinidad de lugares que no dudaban en recorrer desde decenas hasta centenares de kilometros para amanecer en el parking del NYX. Muchos de ellos, a sabiendas de que se tendrían que quedar en el aparcamiento, siendo militantes de una nueva manifestación de la cultura clubbing proveniente de la valenciana ruta del bacalao llamada parkineo, fuertemente instaurada en las macros de todo el país en el que el ámbito de socialización dejó de ser la pista de baile para convertirse en el parking de la discoteca, algo que era muy frecuente en el NYX, donde la autonomía del individuo respecto a la sala era mayor y el entorno natural cobraba mayor protagonismo. Mientras a escasa distancia familias pasaban el fin de semana en la playa, en el viejo caserío la ruptura con la tradición había llegado y se visibilizaba en una muchedumbre vestida con pantalones de campana, camisetas coloridas y gafas de sol para no dejar de bailar dentro y fuera del local. Abanicos y plataformas, lentillas de cromática imposible  y piercings en lugares dispares, los carros tuneados... la escena discotequera huía, por fin, de lo bienpensante y se trasladaba a los márgenes de una sociedad que resultaba intransigente hacia determinadas maneras de ver la vida. El movimiento clubber es obligado en los 90 a salir de los centros de las ciudades para desplazarse hacia el extrarradio e ir haciendo suyos espacios como naves industriales, fabricas apartadas y viejos caseríos. Algo que confrontaba con una sociedad tan tradicional como la vasca. Sea como fuere, pese a tener un aforo de 500 personas, eran miles los clubbers que se acercaban por Gorliz todos los domingos para no dejar de bailar por mucho que el sol estuviera brillando. Parecía un sueño. 

Una utopía que se va agotando cuando la crisis económica, los cambios de costumbres y desavenencias contractuales con los propietarios terminan con el sueño clubbing. En 2008 el legendario local cierra sus puertas aunque aún hoy es recordado por muchos que todavía tienen grabado unas sesiones donde se gritaba bien alto “No digas domingo, di NYX” 



sábado, 12 de octubre de 2024

ROBERTO MOSO PUBLICA "PUTO BOOMER"



Hace unas pocas semanas la editorial Liburuak ha lanzado otra joya en forma de libro con una edición en tapa dura preciosa donde se mezclan el azul más tendente hacia el celeste que al Bilbao y un transistor que evoca tantos momentos radiados en épocas pasadas. Bajo el título “Puto boomer” Roberto Moso hace balance de una vida, la suya, intensa e interesante. 

Fan de Moso, como soy, rápidamente acudí a la librería más cercana para comprar el libro y devorarlo en un abrir y cerrar de ojos. Quería saber la perspectiva vital en el momento de la jubilación de este joven proletario de la Margen Izquierda de la ría de Bilbao enrolado en la rebeldía rockera de los años 80 y con una larga carrera profesional en el periodismo y los medios de comunicación.  

Fiel a su estilo honesto y sencillo, la historia de Roberto Moso se entrelaza con la de tantas y tantas personas que han vivido unas décadas complicadas en la Bizkaia del último cuarto de siglo donde fenómenos como la epidemia de heroína, la del SIDA, el terrorismo etarra, el terrorismo de Estado, la corrupción o la desindustrialización tenían que compatibilizarse con el nuevo régimen que intentaba abrirse camino para terminar, de una vez por todas, con la dictadura franquista.  

La música, como no podía ser de otra manera, está en todo momento presente y entre las páginas suenan una cantidad ingente de nombres tan dispares como Eskorbuto, Rolling Stones, Ella baila Sóla, Zarama, Los Bravos, Lou Reed, los Beatles... Un veterano de la radio y los conciertos, amante de la música encima y debajo del escenario, de orejas desprejuiciadas y con la humildad suficiente para estar al tanto de las nuevas corrientes debía escribir acerca de la música y todo lo asociado a ella. Pero también lo hace de política, cultura, filosofía, fútbol, amor, familia... porque Roberto, siempre inquieto y valiente, se mete en los jardines que haga falta. Y es que rememora acontecimientos que le han marcado para siempre y de los que, en no pocas ocasiones, ha vivido en primera persona. 

Al leer el libro me he sentido identificado con tantas y tantas cosas, me he sentido cercano a las vivencias de un tipo honesto, sin extravagancias, ni aires de grandeza. He sentido compartir con el autor un lugar y un tiempo, que en esta era de la globalización y la grandilocuencia resulta difícil porque los lugares comunes y cercanos se diluyen. Resulta siempre más beneficioso para los mandamases el intentar mantenernos enfrentados en una pelea constante y absurda por uno u otro motivo. Y es que al final, un día, sin que apenas te cerciores del paso del tiempo, te encuentras con tu hija, que va de camino al botellón o la discoteca acompañada de su cuadrilla, como tú lo hiciste con tu padre hace nada, otro momento mágico relatado en el libro. Y ese nada es la vida, un conjunto de recuerdos maleables en nuestra memoria. Háganle caso a Roberto Moso. 


Foto encontrada en www.los40.com